TREGUAS

TREGUAS

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BEGOÑA EGUILUZ

Oda a la enemiga

Pájaros azules

te despojen de la capa ominosa

que negrea tenaz sobre mi sombra

para que pueda ver

el músculo

y la vena

y el miedo

dibujándote el vientre.

Lluvia de primavera

amanse la sangrienta cabellera

para que te adivine

el barrunto de remolino tierno.

Viento del oeste

tire por tierra, aventando,

tus pócimas

tus alacranes pálidos

tus roncos disfraces de palabras.

Y yo entonces perciba

las gotas de naranja

las tibias mariposas

el vagido pugnando

y pueda ya por fin

bajar mi lanza. 

MAITE SASIA

Mi vida siempre ha estado llena de intervalos. De pequeñas treguas que me daba a mi misma para no sucumbir a mi entorno.

Para no darle el placer de verme destruida,

O quizá solo fue por tozuda, que para eso tengo el linaje

Conmigo no van a poder, conmigo no van a poder, conmigo no van a poder.

Esos respiros que tomaba entre golpe y golpe. Entre herida y herida me asistieron mucho.

Cuando pequeña me servían para sobrevivir.

De adolescente para no morir,

como madre para criar y como adulta para esperar.

Esperar a que se me pase el enfado o la pena (nunca la alegría)

Esperar a que volvieras o hasta que te olvidara

Esperar que me duela menos

(nunca a que duela más)

Pero siempre me queda una espera más.

Y otra,

Y otra...

Mas, no sufras por mí, una vez que terminen mis treguas,

Tú también me odiarás.

ROBINSON AVELLO AYALA: PINTURA

RUBÉN FERNANDÉZ

TÚ ME DICES, YO TE DIGO

Querida Margarita,

Espero que te encuentres bien cuando leas esta nota.

Imagino que habrás empezado a morderte el labio de abajo como cada vez que estás en una situación que no controlas. Con esa media sonrisa y mirando hacia arriba cada cinco segundos buscando en el cielo el porqué de las cosas.

Me he decidido a escribirte porque cuando estamos juntos y te empiezo a hablar de mis sentimientos, me atacas con tu incredulidad, y me quedo siempre sin saber si son tus nervios los que boicotean mi avance, o es mi falta de capacidad para llegar más lejos contigo. Claro, termino yo también poniéndome nervioso, y digo cosas que no querría oír salir de mi boca, como cuando te pregunté si buscabas alguien con dinero, o si a tí también te gustaban las chicas.

El caso es que siempre me cambias de tema: Que si no quieres perder a un amigo, que si no estás lista para iniciar una relación después de todo lo que has tenido que pasar estos últimos años... que si no necesito hacerme la vida más difícil con una chica tan complicada, que si conoces otras mujeres que estarían felices de estar conmigo...

Me siento como Escipión Emiliano sitiando Numancia (quizá me falte su paciencia y no esté cien porciento seguro de que caerás como lo hizo la ciudad).

Y tú te resistes sistemáticamente, aunque dejas abiertas tus puertas para entrar y tus ventanas para salir.

Sigo sin saber si me quieres o si no me quieres, Margarita. Pero lo cierto es que estoy un poco cansado de este juego.

Quizá debamos darnos una tregua. Seguir mirándonos sin que nuestro corazón se vuelva loco, reorganizando las tropas sin perder el foco. No quiero conquistarte, quiero firmar una alianza en la que cuando miremos hacia atrás, podamos recordar aquella etapa en la que declarábamos "Venceremos". Y vencimos.

Ojalá te decidas a escribirme.

Un abrazo

PORTADA:IÑIGO LASAGABASTER "NORMANDIA"

LIBE NARVARTE

Tengo 7 años. Acabo de cambiar de escuela. En mi clase ninguna chica tiene el pelo largo, hasta que llego yo. El acoso empieza. "El pelo largo es cursi". "El pelo largo es de Barbies". "En este grupo puede jugar cualquiera que no tenga el pelo largo". "Dile a tu madre que te lleve a la peluquería ¿o es que no tiene dinero?". Me lo dicen chicas, siempre chicas.

Fue el inicio de un ciclo de 11 años de antipatías. En clase había varios grupos de niñas y nos llevábamos mal. Vivíamos una guerra soterrada a ojos ajenos, pero muy palpable en la tensión entre nosotras. Nos calificábamos, según tocara, de empollonas, pijas, putas, plastas, serviles, bordes, aburridas.

En casa me decían "es envidia". Alguna gente decía que es porque las chicas son malas entre ellas. Que los chicos se pegan, las chicas nos herimos.

No sé cuándo aprendí la palabra bullying. Fue antes de "misoginia". Pero antes de misoginia, conocí la palabra feminismo. Las piezas encajaron, pude explicar muchas cosas y mi bagaje ético también se amplió.

El feminismo es la idea radical de que las mujeres somos personas. Y errar es de humanas. A veces nos sorprendemos mirando y actuando con inquina hacia otras mujeres. Muchos de nuestros actos, nos consideremos o no feministas, sacan lo más enraizado de la misoginia en nosotras. Desde el feminismo se ha formulado un concepto y estrategia ante esto, que es la única opción eficaz y coherente: la sororidad, un pacto explícito de no agresión y de apoyo mutuo entre mujeres para sobrevivir en sociedades patriarcales.

Es hermoso y tiene todo el sentido con aquellas que consideramos aliadas. ¿Es deseable también con quienes defienden y encarnan todo aquello contra lo que luchamos? ¿Con aquellas que nos atacan personal y colectivamente?

Reflexionando sobre esto me sorprendo volviendo a la escuela, al odio infantil recibido, a la desconfianza visceral que siento si me encuentro en la calle con alguna de las "otras" de clase. Recuerdo también las maliciosas canciones que teníamos "nosotras" acerca de ellas, que nos daban risa y nos infundían valor, y que no están exentas de tufillo machista. Y me pregunto si es posible, ya de adulta, establecer una tregua con ellas sin descuidar mi yo herido.

Me pregunto si puede haber niveles de sororidad. Mi conclusión hoy es que sí, que entre el básico respeto y la colaboración activa hay ciertos grados, y me dispongo a tomar algunos compromisos al respecto: para mis compañeras de sueños, sororidad total. Con mis opositoras de sueños renuncia al ataque personal, denuncia y defensa ante cualquier acción contra ellas relacionadas con su ser mujer.

¿Y a mis antiguas enemigas de escuela? Les deseo relaciones sanas, ser y tener amigas buenas, como las mías. Les pido perdón si alguna de mis estrategias de supervivencia les hizo daño. Aunque no quisiera cruzármelas nunca más.