RECUERDOS

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BEGOÑA EGUILUZ

Recuerdo que aquel del 72 empezó como siempre empieza el otoño en Santiago: con nieblas densas y frías por la mañana y sol espléndido a partir de las 10.

Teníamos 18 años por entonces, un mundo que queríamos cambiar y la ingenuidad apenas trizada. Usábamos el pelo largo, nuestros pantalones eran "de pata de elefante" y los jerseys muy ajustados. Nos gustaban Silvio, Serrat y Víctor Jara y "Arriba en la cordillera" de Patricio Manns. Nos iban los recitales poéticos, políticos, musicales; los amores conversados y librescos.

Éramos jóvenes, teníamos un destino. Cual fuera no estaba muy claro, pero nos sentíamos elegidos por la historia y eso nos llenaba de una euforia soberbia aquel otoño, cuando nos encontramos para nuestra primera clase en el Dto. de Español del Pedagógico de la Universidad de Chile, los "mechones" de aquel curso. Fue aquel día precisamente el que conocí a Nilton Da Silva Rosa


La calle Macul, que empezaba en Irarrázabal y moría en Avda. Grecia, me seducía con su hermosura un poco decadente. Calle rubia que se extendía susurrante a lo largo de casas bajas y aceras a mal traer con desorden provinciano y amable, en que la cordillera y los centenarios plátanos orientales marcaban el lujo del paisaje y el telón de fondo para aquel Instituto Pedagógico antro de oratoria política, grafitis, guitarras, huelgas y desorden en que tan absolutamente jóvenes fuimos una vez.

Solíamos encontrarnos en "Los Cisnes" pero más todavía en el "El Puskin", con sus mesas de palos quemados, la tacita de café malo, el pucho y las melodías de la época, que hacían dulce el paso de la tarde los días que no estaba yo metida en la biblioteca subterránea leyendo a Unamuno, mientras sentía caer la lluvia afuera.


Nilton se parecía a Rasputín pero no era siniestro. Su pelo largo, liso, partido al medio y siempre un poco graso, lo caracterizaba. Sonreía abiertamente, con la jovialidad de un niño confiado a "fascistas y comunistas" sin mayor distinción, lo que era bastante insólito. En esa época de fieras filias y fobias, era un ácrata emocional. Tenía amigos estrambóticos en todos los círculos universitarios. Como hablador era insufrible. Su facundia verbal era temida por profesores y alumnos, ya que desconocía totalmente el don de la oportunidad.


Lo recuerdo muchas veces en que interrumpiendo al profesor de turno, se subía a una mesa y nos arengaba con grandes ademanes ante la exasperación de algunos y el jolgorio de otros. El discurso siempre era el mismo: un refrito de marxismo aderezado con consignas varias y siempre repetidas, en la que el acento extraño, las expresiones floridas y algún giro poético totalmente de su incumbencia, declamado todo con la mayor pasión, evidenciaban al histriónico extranjero en país de comedidos.

Era también poeta, un pésimo poeta, al que gustaba declamar a voz en grito sus versos encendidos , aunque en realidad, en aquella época todos éramos poetas y sin confesarlo abiertamente, cada uno se sentía más o menos en secreto destinado al Parnaso latinoamericano.


Para hacernos un poco visibles, los aspirantes a literatos, decidimos publicar una revista literaria aquel mismo invierno. Fue una empresa ardua que se libró en múltiples escenarios; casas particulares, en una de las mesas más escondidas de "Los cisnes", en distintas clases desocupadas, bajo los árboles del Departamento de Español…

Como todo estaba tan absolutamente polítizado, era inevitable que cada cual "intentara llevar el agua a su molino".. Las discusiones se sucedían enervantes, pesadas, saturadas de los tópicos de la época. Hubo peleas y rupturas entre los "cuatro gatos" que formábamos el consejo editorial de la revista "Etcetera". Finalmente, el asunto se zanjó con dos editoriales, que con estilos y propósitos prácticamente opuestos, lanzó su primer y único ejemplar. Se publicó poesía: la nuestra, algún artículo de crítica literaria que ahora leo y me hace sonreír y una entrevista al director del Departamento, de la que se encargó justamente a Nilton y que produjo la indignación más absoluta y terminante del entrevistado el día en que fue publicada. Exigía nada menos que una reparación pública y pormenorizada de la suma de sinsentidos que se le habían atribuido y que el bando opuesto aprovechaba para ridiculizarlo a placer.

Nilton, con absoluta inocencia, defendía que él había escrito lo que había oído, pero conociéndolo, llegamos a la conclusión de que una vez más había vuelto a caer en la inevitable fabulación propia de su temperamento. El despacho del Director y su sonrisa nos fueron cerradas desde entonces a cal y canto.


Pretendíamos financiar la revista a través de una suscripción previa de alumnos y profesores a los que mareamos durante semanas, pero hechos los presupuestos, vimos que no nos llegaba ni para el papel. Fue ahí, donde yo aporté a un amigo de mi familia, el impresor don Agapito Urarte, un vasco nacionalista, católico y anticomunista, que había sido comandante del batallón republicano vasco "Amayur" durante la guerra española de 1936. El fue quien, prácticamente a su costa, publicó el primer y único número de la revista Etcetera de literatura.


Pasamos muchas tardes con él en su oficina de la calle Compañía. Don Agapito era muy bajito y menudo. Fumaba incansablemente pero solo hasta la mitad sus Hilton, que compartía generosamente con nosotros. Estaba dispuesto a contarle a cualquiera sus peripecias bélicas con voz casi inaudible, porque tenía la convicción de que la CIA. lo perseguía. Las hazañas de su batallón eran épicas, aunque toda toma de posición y toda retirada del campo de batalla, se producían extrañamente, sin muertos. Emocionado, contaba como habían sobrellevado la guerra él y los suyos, casi con el uniforme impoluto y la conciencia tranquila. Eran vencidos llenos de gloria los del 36.


Quién mejor le escuchaba era Nilton, nuestro fiero revolucionario del MIR, aquel que decía que a los burgueses ¡había que matarlos a todos! La pareja era digna de verse: muy juntos los dos casi cabeza con cabeza Don Agapito con su traje completo tapizado de ceniza , sus ademanes suaves y la boina a su alcance sobre la mesa. El viejo republicano desgranaba detalle tras detalle ante un Nilton bastante harapiento con su barba rala, sus melenas y la boina adornada con la estrella del Che que no se quitaba ni para dormir y que lo escuchaba extasiado, pidiendo incansable historia tras historia.

Guardo un recuerdo entrañable de aquellas dos boinas juntas. Cuando ya muy tarde por la noche salíamos de la imprenta, mientras enfilábamos el paso hacia la Alameda, Nilton invariablemente me decía al despedirse...¡Qué hombre, companheira! Que hombre!


Mi amigo era un tipo extravagante. Lo veo poco después de comenzar el curso en una fiesta que hicimos en el antiguo casino del Pedagógico de la U. de Chile. Todos íbamos de bluejeans de pata ancha y con el toque desaliñado que marcaba la época. Nilton en cambio, se presentó de punta en blanco. Se había lavado el pelo y vestía traje de chaqueta, camisa blanca y corbata impecable. Se pavoneó de lo lindo ante las bromas que lo tachaban de burgués y fue el último que se marchó perdiéndose entre los árboles plateados por la luna llena hacia su cuarto en la residencia de estudiantes . Aquella noche le había sido vaticinado por uno de los asistentes ( un alumno bastante mayor que nosotros, que tenía una librería de libros de segunda mano allá por la calle San Diego... un tipo un poco inquietante por sus extraños ojos dorados) que moriría de muerte violenta antes de terminar el año.


No le conocí amores. No era atractivo para las mujeres. Pese a su actitud gregaria era un tipo solo. No encajaba bien en ninguna parte porque era incapaz de atenerse a las normas y a los usos de las "ortodoxias".


A mí me gustaba. Compartimos una amistad, que por su lado tenía que ver indudablemente con mis antecedentes vascos que él admiraba sobre todo desde el encuentro con don Agapito y una suerte de cercanía emocional que me hacía defenderlo frente al hartazgo de los otros y perdonarle sus demasías revolucionarias. Nos entendíamos fácil porque era el tipo más antidogmático que he conocido. Con él me reía con una facilidad extraña en mí, una chica seria.


Aquel año nevó y en un Pedagógico desierto, organizamos una batalla de bolas de nieve que fue encarnizada y en la que me ganó por goleada. Nos quisimos siempre a pesar de nuestras absolutamente distintas posiciones políticas, simplemente porque alegraba la vida.


Fue un año eterno como cuando se tienen 18 años, pero como todos, pasó. Al final se aceleró. Poco antes de brotar la primavera lo vi por última vez en una marcha que iba lenta por calle Macul. Me saludó desde lejos, alzando la mano como siempre: ¡Companheira...!


Matarlo fue como matar un ruiseñor.



MAITE SASIA

Siempre pensé

¡Oh,ilusa de mí! Que la Parca y yo teníamos un contrato, un acuerdo de esos que no necesitan notario.

Yo, aceptaría todo lo que me hicieran aunque no llegara ni al metro de altura...

Jamás revelaría a todo lo que me obligaron...

Y ella, a cambio no me lo quitaría a él.

Pues les tengo novedades,,,

La parca miente.

¡Y qué bien lo hace!

Me dejó pasar por el infierno (Ojalá hubiese sido el de Dante que debe ser un poco más leve) y luego me traicionó.

Me lo arrebató sin anuncios, medidas ni posibilidades

¡Me mintió!

Y desde entonces me cuesta confiar en todos. Incluyéndome!

Le supliqué mil veces. Y después mil más...

En diferentes lugares e idiomas.

Éramos una contra la otra.

Me arrodillé e imploré...

Él no ¡Por favor él no.!

Pero su traición fue inflexible, un poco burguesa y siempre queda ilesa.

¡Yo nunca falté al trato!

Pero, se lo llevó de igual forma.

Sabiendo que dejaba niños llorando y adultos que no se recuperarán jamás.

¡No le importó!

¿Os pido que me respondan, en este caso, y solo en este caso, debo seguir haciendo honor a mi palabra?

¿O devoro de una vez a la maldita, y que venga lo que sea?

RUBÉN FERNANDÉZ

 (MIS DÍAS DE CARTERO)

Es posible que hayan pasado siglos. Pero cuando cierro los ojos aún me recuerdo envuelto en una túnica azumagada y polvorienta remontando canchales para llegar a la siguiente aldea en mi ruta de trabajo.

Cargaba en mi bolsa de tela los pliegos de papel de arroz, tosco y excesivamente permeable, la tinta, los pinceles, y algunas cartas que llevaba yo mismo si había algún destinatario en mi camino.

Dejaba las cumbres de Lhasa a la derecha en el camino de ida, y a la izquierda en el de vuelta. Rara vez iba a presentar mis respetos, sobre todo por falta de tiempo, y porque, como ahora, era más humanista que ritualista, y prefería estar abajo, donde quizá alguien pudiera necesitarme.

Todavía puedo ver vívidamente mis sandalias viejas y cubiertas de arena sujetando unos pies probablemente del doble de tamaño que los que tengo ahora. Las uñas coronadas con medialunas negras de mugre y los dedos cubiertos de polvo, oscureciendo aún más una piel gruesa que tampoco reconozco en el cuerpo de ahora. (Sigue resonando en mis oídos el quejido de las piedras a mi paso, soportando el peso de mi cuerpo y de mi equipaje).

Las manos enormes y trabajadas, como de arar la tierra. Pero me extraña que, con esas herramientas tan toscas, con los dedos torcidos desde las falangetas, pudiera yo tener una caligrafía precisa y rápida.

No me extraña sin embargo que ya por aquel entonces, ayudase a aquellos vecinos, campesinos sin instrucción, a poner en sus mentes mis palabras, para que me las repitiesen en su afán de contar cómo se sentían a los familiares que vivían al otro lado del valle. Lamentablemente no sé cuándo, cómo, dónde, con quién o por qué yo sabía leer y escribir.

No sé si aún era invierno o ya era primavera, aquel día que llegué a las tierras de Saldang a media tarde, aterido de frio, con los pies escarchados del camino y la mente nublada por la fiebre. Apenas alcancé a llegar consciente a casa de la señora Parvati, que creo que tenía una tienda de alimentos y suministros, pero la mayor parte de las visitas que recibía era de vecinos en busca de una cura para sus males. Según me iba acercando a ella, pude distinguir las profundas arrugas de su rostro curtido, y esa sonrisa desdentada acompañada por otras dos sonrisas, detrás de las que se escondían sus ojos invisibles. Esa mujer diminuta me extendía sus brazos mientras yo me iba derrumbando a sus pies.

Ya no recuerdo más de aquella época.

LIBE NARVARTE

El piso lo recibimos como lo dejó su dueña antes de ser llevada a la residencia: lleno de sus recuerdos. Flores y guirnaldas de plástico, maletas (sin usar); ceniceros "recuerdo de Talavera", bandejas (de alpaca, de flores, de la Real Sociedad); cisnes y bailarinas de porcelana; vajillas, lámparas, colonias… Era agobiante pensar en el proceso de vaciado y limpieza para hacer propio y habitable el espacio de 70m2, pero teníamos prisa y no había elección.

Bajo el influjo de una oscura reproducción de La Última Cena, distribuida entre las baldas del mueble-vitrina que presidía la sala y una enorme caja en el suelo, una cristalería brillaba cual extraño enjambre de mariposas: copas-crisálida, enormes en sus cubiertas de burbuja, copas en fase inicial de papel-seda, copas amontonadas a la espera de su transformación… "Alguien quiso llevárselas, se lo pensó mejor, y dejó el trabajo a medio hacer"-pensé. Las saqué de sus pupas y mientras las lavaba empecé a hacer cuentas: ¿cuál sería la cena más numerosa celebrada en esa casa sin hijos y sin mesa grande? ¿Para qué tantas copas y platos dorados?¿Serían de uso diario o estarían guardadas a la espera de alguna visita importante?

Cada armario de la casa era una cueva de Alibabá, un "ábrete sésamo" a la vida de esa señora que nunca vimos en persona y que se nos aparecía en la sombra de sus cosas. De vitrinas y cajones emergieron multitud de familiares en rectángulos de distintos tamaños: algunas con rebordes dentados en desvaídas tonalidades amarillas, luciendo ropas y peinados en evolución, las fotos daban cuenta de los ciclos de vida de varias generaciones. A falta de chimenea, tomé la segunda opción más razonable: romper con cuidado cada imagen hasta que nadie quedó reconocible. El papel se envió a reciclar sin riesgo de que nadie encontrara su rostro en un basurero o pudiera sufrir hechizos de magia negra.

Revisar las torres de sábanas blancas y desplegar las telas fue como abrir un libro: en cada hoja una ilustración en trazos de hilo, acompañando siempre a las mismas letras: FM. "Firma Mía"-fabulé- "su seña de mujer bordadora". Había juegos sobrios con vainica, elegantes (con arquivoltas y flamígeras F y M) y bordados florales con agujeritos. Lavé y planché cada sábana, blanqueé algunas. Y me guardé lo que hicieron Sus Manos.

No os mentiré: la mayoría de objetos fueron a parar a cajas y partieron rumbo a Emaús. Pero tengo el costurero y sus moldes de bordado. Uso la vajilla, las copas, sus manteles. Soy heredera de un legado que nadie quiso y del que me siento orgullosa. FM ondea después de cada lavado. Su marca, es hoy, una Firma Mía. 

ARANTZA MIÑO

La última vez que alguien te vio llevabas ese vestido rosa que te gustaba tanto

Era una tarde de primavera como cualquier otra,

Solo que nada nunca volvería a ser igual.

Las gardenias se pudrieron esperándote

Y el sol no quiso salir nunca más

Yo sigo esperando que te asomes por la puerta y me sonrías

Y llevo así los 12 inviernos más cruentos que los que la vida me podría cubrir.

Solo siento frío, dolor.

Y durante todos los veranos se me acercan personas a hablarme de tus recuerdos.

Yo pienso, recuerdo. Ahí está esa palabra de nuevo.

Yo no quiero un recuerdo.

Yo no quiero más estos veranos,

Yo solo quiero encontrarte.

No quiero tampoco que llegue el otoño y escuchar que te has ido.

Solo deseo que vuelva la primavera

Y verte florecer nuevamente.

Pero han pasado tantas lunas amor

Que sé que es un imposible

Yo aquí seguiré, siempre

Pasando cada estación

Esperando alguna noticia

Aferrándome a los tiempos pasados, presentes y futuros

Y que tú estás en todos ellos...

Con tu vestido rosa. 

JAIME HALES

Despertó sintiendo que era muy temprano. Bastó una mirada para saber que estaba en un lugar completamente desconocido: ¿Qué es esto?, se preguntó.

Los muros de un amarillo claro, el cielo raso en azulino, la habitación sin ventanas. Una sola puerta de hojas anchas, doble.

Se incorporó. La cama ancha, alta, cómoda. Ni un solo mueble en el espacio, una lámpara de tubos en el techo, la ropa de cama en tonos que algún día fueron blancos.

¿Un hospital? Porque no es una cárcel, no es su casa ni la de nadie que pudiera conocer. ¿O quizás sí? Trata de recordar los nombres de las personas que debiera conocer y nada se viene a su cabeza. ¿Papá, mamá, hermanos, pareja? ¿Amigos o amigas?

Está vestido con un pijama gris, muy grande para él. Al ponerse de pie tuvo dolores musculares. Mucho tiempo acostado, tal vez. Delgado. Huesudo, barbado. Buscó un espejo, pero no había nada que cumpliera esa finalidad. ¿Siempre había sido tan delgado? ¿La barba creció mientras estaba en la cama?

Se concentra e intenta recordar algo. No sabe su nombre, no sabe nada de sí mismo. Le resuena una palabra a lo lejos en su mente ahora atribulada e inquieta: tiranía… ¿Está preso por una dictadura? ¿Hay una dictadura en este país? ¿¡Qué país es éste!?

Hace estiramientos de la musculatura. ¿Dónde aprendió eso? No recuerda.

No hay memoria, no hay recuerdos, no hay nada en su cabeza, solo preguntas. ¿O esto es la muerte?

No. No es la muerte, porque entonces el cuerpo debe estar de otro modo. Se palpa el cuerpo: siente las costillas y recorre con sus manos el pecho. A la altura de donde debe estar el corazón percibe una cicatriz horizontal. Dura, seca, antigua quizás. Desciende su mano y bajo el ombligo siente otra cicatriz en la misma dirección, pero más larga. Mira sus brazos: el izquierdo está lleno de pequeñas cicatrices como hechas por vidrios y el derecho tiene una sola que va desde el hombro hasta casi la muñeca. Toca las piernas, duras, piel seca. Siente bajo el pie izquierdo una dureza. Sentado de nuevo sobre la cama, levanta la pierna y toca la planta, donde descubre una larga y gruesa cicatriz. La acaricia, la recorre y percibe una agitación que insinúa un recuerdo que se abre paso.

En su mente circulan palabras sueltas evocadas por la cicatriz: traición, miedo, dolor lacerante. Y recuerda un poema que no sabe quien escribió: "Sé que te amé/porque una cicatriz lo recuerda a cada instante".

Y rompe a llorar.

ARANTZA MIÑO S.

El séptimo arte y yo

Una crítica de "Eterno resplandor de una mente sin recuerdos"

Título original: Eternal Sunshine of the Spotless Mind

Año: 2004

Duración: 108 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Michel Gondry

Reparto: Jim Carrey, Kate Winslet, Kirsten Dunst, Mark Ruffalo, Elijah Wood, Tom Wilkinson, Thomas Jay Ryan, Gerry Robert Byrne, Jane Adams, David Cross, Ryan Whitney

Sinopsis: Joel (Jim Carrey) recibe un terrible golpe cuando descubre que su novia Clementine (Kate Winslet) ha hecho que borren de su memoria todos los recuerdos de su tormentosa relación. Desesperado, se pone en contacto con el creador del proceso, el Dr. Howard Mierzwiak, para que borre a Clementine de su memoria. Pero cuando los recuerdos de Joel empiezan a desaparecer de pronto redescubre su amor por Clementine. Desde lo más profundo de su cerebro intentará parar el proceso. (FILMAFFINITY)

"El eterno resplandor de una mente sin recuerdo" ha sido calificada como una de las mejores películas del siglo XXI y no me extraña. Debido a su complejidad, su montaje invertido, sus constantes analepsis y la intensidad de su historia con el amor y desamor de sus protagonistas, nos envolverá y nos hará sentir en carne propia el dolor de sus protagonistas, y nos enseñará lo más crudo del significado del amor y la pérdida.

En nuestro film, tenemos a nuestros protagonistas que si bien están enamorados se encuentran en una relación compleja ya que son muy diferentes entre sí y tropiezan constantemente. Y después de intentarlo bastante, se dan cuenta de que no pueden seguir juntos por mucho que lo intenten. Pero lo que hace tan interesante a la película, es que Clementine (Kate Kinslet) no puede con el dolor de la separación por lo que decide borrar la relación de sus recuerdos. Con lo que posteriormente Joel (Jim Carrey) se entera y decide hacer lo mismo con su dolor, y con él nos hacen partícipe y vamos viendo el proceso del borrado de recuerdos durante el largometraje, que hacen una manera magistral, es decir, como se desconstruye una mente paso a paso y la desesperación del personaje, cuando se da cuenta de que, en realidad, por mucho que le duela, Clementine, es parte él, y no quiere eliminarla, por lo que intenta por todos los medios esconder algunos recuerdos de ella en su conciencia más antigua.

Porque ya es parte de su vida, sus experiencias. No es solo su ex novia. Lo hizo ser quién es hoy, es una nueva realidad que se ha formado. Y que también se borrará junto con ella.

Por lo que aquí surge todo un debate respecto a si pudiésemos borrar recuerdos. Si tuviésemos la opción. ¿Lo haríamos? ¿Deberíamos?

Ya estamos dando por hecho que hay un dolor detrás muy grande que nos está empujando a ello, pero si borramos nuestros recuerdos borramos nuestra vida, nuestra esencia, nuestras enseñanzas y lo que nos ha hecho ser quienes somos. Es decir, nuestra identidad. Y ese dolor es parte de eso.

Por otra parte, además del argumento de la película que me parece maravilloso y que da mucho para reflexionar, la banda sonora está muy bien elegida, al igual que la colorimetría y el vestuario que va de acuerdo con los estados de ánimo de nuestros protagonistas, haciendo que los entendamos mejor, e incluso comprendamos mejor sus estados de ánimo cuando éstos estén intensificados. Ya que por ejemplo en Clementine su cambio de cabello juega un papel muy importante en la película y en los recuerdos de Joel, tanto si son más felices, más tristes o si coinciden con el presente.

El film me parece perfecto porque está muy bien pensado y muy bien cuidado al detalle en cuanto a los diálogos, el sonido, las actuaciones, la fotografía, el vestuario, la trama e incluso nos deja con un debate filosófico.

Hay mucho del largometraje que me dejo sin decir, pero es que sería arruinarles la película.

¿Qué pasará finalmente entre Clementine y Joel? ¿volverán a encontrarse?

¿Logrará Joel recordar a Clementine?

¿Borraríamos a alguien que nos rompió el corazón, sabiendo todo lo que ello conlleva?

Recordar es parte de nuestra identidad, ¿así que qué sucede si eliminamos ese recuerdo?

Espero me lo digan ustedes.

JORGE PIZARRO MORAGA:

Ucrania: de la tragedia a la guerra.

Las balas en el pecho de Francisco Fernando, en ese infausto verano de 1914, aún sangra y el manantial morado que brota de su pecho sigue manchando el mapa de Eurasia. Todos los grandes conflictos del corto siglo XX y de lo que va del XXI comienzan en el revolver humeante de Gavrilo Princip; La Segunda Guerra Mundial, La Guerra Fría, la descolonización de África Y Asia, las conflagraciones en Corea y Vietnam, el conflicto árabe – israelí y la Guerra de Ucrania.

El imperio de los Zares tuvo, casi desde el comienzo de su larga presencia en la historia, a Ucrania como una de sus regiones y no somos pocos los que pensamos que los siglos de influencia rusa en el oriente de Europa tuvo como uno de sus pilares las fertilísimas tierras de las interminables llanuras ucranianas; el trigo ucraniano garantizó el alimento a los millones de soldados que guerrearon por el Dios y por Zar (no siempre el orden fue el mismo) durante los 303 años que van de 1613 a 1817.

La paz de Brest Litovsk (entre el Imperio Alemán y la Rusia Bolchevique, marzo de 1918) significo el primer desmembramiento del Imperio Rojo; Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia, nacieron de la firma de este tratado, pero Hubo un caso muy particular; Ucrania pudo por dos años y medio ser independiente hasta que la invasión bolchevique en 1920 la incorporo a la Rusia Soviética (La Unión Soviética nacería un año después), pero el anhelo independentista no desapareció del todo.

El trigo ucraniano, como maldición, ha sido motivo de millones de muertes y la mayor mortandad causada por esto ocurrió entre 1931 y 1932; el régimen stalinista hizo morir de hambre, mediante la incautación de toda la comida, a alrededor de cuatro millones de personas, las razones para que la maldad soviética se ensañara con Ucrania fueron dos: la resistencia a la colectivización del campo y el temor stalinista a la independencia de este territorio. Estos crímenes fueron ocultados y negados por los soviéticos hasta 1990 pero esta cantidad de muertos no se puede esconder, ni olvidar para los victimizados. Durante la operación Barba Roja, la invasión Nazi a la Unión Soviética, los ucranianos recibieron a los alemanes como libertadores de la opresión comunista, es que el recuerdo del Homolodor (que en ucraniano significa "epidemia del hambre") estaba muy fresco; fueron muchos los ucranianos que se unieron a la Wehrmacht, pero a pesar de esto las tropas hitlerianas también cometieron genocidio contra los eslavos de la costa norte del Mar Negro, la única diferencia es que en vez de la inanición fueron las balas las que asesinaron a tres millones y medio de persona; en menos de dos décadas el pueblo ucraniano había sido víctima de los asesinatos de, aproximadamente, un cuarto de su población por parte de las dos peores tiranías que la historia registra; en lo que concierne a matanzas Hitler y Stalin tienen el mismo comportamiento, pero hay una diferencia sustancial entre ambos; el georgiano jamás olvidó el apoyo que los ucranianos dieron a los invasores alemanes al inicio de la Gran Guerra Patria.

Cuando Stalin murió la alta dirigencia del PCUS estaba cansada de las purgas y matanzas por lo que su principal motivación, al principio de la administración del ucraniano Nikita Jrushchov, fue la des-stalinización de todo el aparato del estado y de la sociedad soviética, un periodo de paz y prosperidad, para estándares soviéticos, se vivió durante las décadas de 1950's y 1960's, fue también en esos años en que Moscú quiso compensar a las naciones atribuladas por el gobierno del tirano de Georgia, fue tal vez por esto que Jrushchov entrego a Ucrania los territorios rusos del Dombás y Crimea, en esos años aquella decisión no parecía tener más implicaciones que la mera administración de un territorio, nadie imaginaba el colapso del imperio rojo, pero a pesar de esto un sentimiento de orfandad e injusticia comenzó a surgir entre la mayoría rusa de esas tierras.

En 1991 quince países surgieron del colapso de la URSS heredando los territorios que les correspondieron según su correspondencia a la administración que habían tenido en los tiempos soviéticos, esto significo que prácticamente todos los nuevos estados sufrieran, en mayor o menor medida, conflictos étnicos y Ucrania encabezó la lista.

Ucrania heredo la URSS el territorio y cinco mil armas atómicas, esto la convertía en la tercera potencia nuclear, pero por presiones de occidente las entregó a Rusia; para occidente era preferible tener que lidiar con una sola potencia atómica en vez de dos. La renuncia a este arsenal significo que Kiev perdiera una potencia negociadora potentísima y dejo al país como un peón cualquiera de la geopolítica; la geografía, la demografía y la economía ucraniana hicieron que optar por Estados Unidos y sus aliados o Rusia fuese algo muy parecido a elegir entre nadar en un mar lleno de tiburones o en una laguna atestada de cocodrilos.

Ucrania nació con una bomba en su interior, sus regiones orientales son de mayoría rusa y estos quieren que su país esté alineado con el gran coloso euroasiático, incluso hay una porción importante en el Dombás y Crimea que quieren que esta región sea nuevamente gobernada desde el Kremlin, en el occidente en cambio miran gustosos la influencia de la Unión Europea y la prosperidad de esta, que ven como una promesa para los ucranianos; entre estos dos polos se pasea la política ucraniana que lejos de tener programas y doctrinas, tiene a oligarcas que arman sus propios partidos para defender sus intereses que a su vez soló tienen lealtad al tamaño de la maleta con dólares, rubros o euros con el que son sobornados; Ucrania es uno de los países más corruptos del planeta y esa característica hace que sus alianzas puedan ser compradas.

Para Rusia los territorios del Dombás y Crimea no le correspondían a Ucrania, ellos siempre habían sido rusos, ahí se habla ruso y tiene una inmensa mayoría de etnia rusa, por lo que lo natural es que sean gobernado por el Kremlin. Kiev por su parte alega que estos oblats nacieron bajo la jurisdicción de Ucrania y así debe quedar.

El manantial morado que surgió del pecho de Francisco Fernando está inundando a Ucrania de pólvora, bombas y muerte, pues la raíz de esta guerra parte con el tratado con en el la Rusia bolchevique se rindió ante el Imperio Alemán, pero este al perder la guerra en el frente occidental, nueve meses después, dejó el camino abierto para que todas las pretensiones territoriales soviéticas, menos Finlandia y el este de Polonia, pudiesen hacerse realidad (Ucrania incluida). La colaboración ucraniana con los nazis en 1941 hizo nacer una desconfianza, cuando no un sentimiento de revancha, en los rusos, desconfianza que también surgió en los ucraniano por el Homolodor que fueron víctimas en los años 1931 – 1932 para que finalmente la incorporación del Dombás y Crimea, mediante un mero acto administrativo en la administración de Jrushchov , legó a nuestros tiempos de las condiciones para que la guerra en Ucrania amenace el orden mundial post Yalta.


ÁNGEL ESPINOZA

Recuerdo

(Dedicado con mucho cariño a mi amiga Syama Bruna Valle)

Se fueron hace milenios,

las costumbres excitadas del adiós,

manzana sin pétalos, una semilla olvidada en el paraíso.

Fuimos tormenta de arrecifes desconocidos,

nuestros nombres se extinguieron al nacer,

nadie persistiría danzando, entre brasas perennes

Circunspectos los dedos que apuntaron nuestra ingenua razón,

en los átomos dolientes de la indiferencia,

ácido fecundo en la fuga irreductible,

de nuestra esencia inequívoca

Fuimos error, dificultad, nacimos detrás del horizonte,

donde aún subyacen la experiencia y la niñez simulando placeres

Pequeños, minúsculos, insignificantes, y traviesos

¡Delirante sonrisa en la sorna de los tiempos,

anunciando nuestra caída!

Lágrima estruendosa, pregonando el renacer del silencio,

aquel que dormía en la nostalgia más fiera, de una noche torcaza

-Fulgurante sollozo de árboles caídos-

¡Lucero vencido en los ojos!

¡Fuimos felices siendo nostalgia

y memoria a la vez!

(instante en blanco)

[En un futuro

convulsionado]

Sembraremos el árbol de la distancia,

beberemos del lago del olvido, una nueva eternidad

-Heriremos y seremos heridos-

Amaremos como la sombra, al impermanente reducto de la materia

[Recuerdo embravecido he inconcluso]

"A los cielos, el misterio de la carne suspiro su lucha sangrante y efímera

Templanza de jazmines y aureolas en decadencia

comisura divina de universos en flor, creación otrora de dioses imaginarios"

(La orfandad del misterio, aún persiste)

"Adoraremos la mano no estrechada

-Luciérnagas universales inspirando soledad-

Historias valientes de un romance sin héroes, ni vencidos"

¿El destino se enreda en la razón cuando pensamos?

Pregunta sempiterna de rosa moribunda, a punto de nacer

(Susurro ancestral)

"Si la mano sabela exigua razón del corazón,

Sabrá entregarse y recibir en el amor, para existir"

_______________________

-Dios detuvo la creación y oró para sí-

"Se va la vida en la muerte, la muerte es vida

retornando y volviendo al unísono,

siendo nadie, yendo a ninguna parte"

_______________________

La agonía naciente de lo humano replico:

Entonces somos…

"La palabra olvidada, un juguete roto,

la fealdad esperando ser amada…

Un solo rebuzno en la sabia fragilidad,

de un

recuerdo"