Indiferencia

Indiferencia

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BEGOÑA EGUILUZ



No se nace indiferente, como tampoco, solidario.

El temperamento de cada uno tiene algo que ver en esto, pero poco. Yo diría que la indiferencia como la solidaridad, es más bien una cuestión de carácter y, todos sabemos que el carácter se forja, que es una cuestión, sobre todas las cosas, de elección y de voluntad para persistir en lo que hemos elegido como criterio de conducta, hasta que se vuelve hábito emocional, y pasa a constituirse en nuestra manera de estar en el mundo.


Una no nace indiferente: se hace

a fuerza de obedecer al- ¡Tú, no te metas!-, - ¡Tú, a lo tuyo! -¡Qué cada palo aguante su vela!- ¡No podemos hacer nada!- ¡Siempre ha sido así! -¡No mires que te va a impactar! - ¡No leas que es muy duro!-


Una formación de este tipo empieza muy pronto y tiene muchísimo que ver con la reacción que los que nos rodean y a quienes amamos y respetamos, tienen frente a lo que acontece.

Suele ser en familia donde se decide lo que es importante o banal. Lo que conmueve y obliga y, también lo contrario.


Nos educan las historias, sobre todo las familiares. Ella son las que avivan la imaginación y la empatía y nos preparan para ser de determinada manera.


Yo recuerdo una, que me hizo para siempre imposible la indiferencia sin sentirme un poco despreciable.


Mi madre me repitió muchas veces a lo largo de aquellos años de mesa y cocina, la " épica" historia de su salida de Barakaldo hacia Santander, ante la inminente entrada de las fuerzas franquistas.


Yo veía a mí abuelo venir a buscar a su familia en un coche en el que se iban amontonado maletas y ropa junto a los miembros de la familia ya listos para la partida.

Veía entonces llegar corriendo a esas dos mujeres desesperadas, buscando ayuda para poder escapar y…

Entonces veía a mí abuelo salir rápidamente del coche, sacar maletas y bultos que quedaron en la acera y hacerlas subir. Llegaron a Santander con lo puesto y mi madre sin un zapato, pero llegaron no tres, sino seis personas.

Mi madre se emocionaba al contármelo llena de admiración por su padre y yo aprendí, porque me lo incrustó como valor, que una no podía ser indiferente frente al dolor o indefensión de los demás.


No conocí a mí abuelo Pedro, pero tengo claro que él fue quién me enseñó a no buscar coartadas y aprender que la cuestión no es como me sienta o las consecuencias que para mí comodidad pudiera tener mi acción sino cómo debo actuar, a pesar de sentimientos, apetencias o temores, algo que debe formar parte de una especie de instinto emocional, porque muchas veces, en esta terrible y azarosa vida nuestra, no tenemos tiempo de pensar demasiado.


En mi familia la indiferencia frente al dolor del mundo es una vergüenza: no conozco ninguna historia que la justifique.


MAITE SASIA


No te vuelvas,

por favor no te vuelvas,

Cierra fuerte los ojos y sigue caminando,

pero, por ningún motivo te vuelvas

No vaya a ser que fuera peligroso que tus ojos vean el desconsuelo en la mirada de otro.

O peor aún, te los encuentres por casualidad y no tengas tiempo de evitarlos

Cubre tus oídos para no escuchar los gritos.

Ni el desconsuelo

Apretar el paso y no mirar.

Venda tus ojos, amordaza tu boca

¿Para qué contemplar

espantos ajenos?

Recuerda que siempre correrás el riesgo de convertirte en sal

Si no es tuyo ni te incumbe a ti...

Si no miraste ni actuaste,

por favor

¡No te vuelvas!

Ya no te necesitamos.

ROBINSON AVELLO AYALA

RUBÉN FERNANDÉZ


EL ORIGEN DE LA SANGRE EN EL PAPEL

La dominatriz ensortijada de una engañosa fragilidad epidérmica mostraba al mundo sus cicatrices mientras seguía fundiendo carbón entre sus sístoles y sus diástoles.

No se sabe si preparaba un golpe, o si realmente necesitaba todo ese valor energético para cruzar del dormitorio al salón.

En todo caso, jugueteaba con la pluma o el teclado con aparente indiferencia, generando con un leve movimiento de muñeca ciclones matagigantes y brisas apocalípticas que atravesaban los corazones menos entrenados que el suyo.

Si bien parecía dormida o ausente con sus párpados cerrados y la cabeza inclinada ligeramente hacia Orión, la verdad es que estaba aprovechando la gran pantalla de cinemascope que alojaba al interior de sus párpados, dejándose llevar por los torrentes de acciones y emociones que allí se sucedían, para llevarnos esos escenarios a través de su transcripción.

De vez en cuando manifestaba su presencia como un volátil pétalo de diente de león, siempre con la sospecha de estar cargado de explosivos.

No se sabe bien qué hacía en sus días o en sus noches. Unos dicen que la han visto adormilada al amanecer envuelta en seda libando el rocío de las flores, y quienes les han seguido declaran haber encontrado un cráter de rocas incandescentes bañado por los primeros rayos del sol en ese mismo sitio.

También cuentan que debajo de la rosácea de sus extremidades escondía algunas palabras clave que le servían para abrazar su enfermedad y dar poderes a esos tesoros para fabricar con ellos su próxima bomba. Habrá que estar atentos al pasar por los escaparates de las librerías.

 IÑIGO LASAGABASTER: PORTADA

LIBE NARVARTE


- ¿Qué es una guerra?

- Una pelea entre países en la que la gente se mata.

- ¿Por qué pelean los países? ¿Por qué se mata la gente?-pregunta la niña.

- El mundo es así, está mal hecho - la voz, cansada.

- ¿Por qué? Insiste la niña.

- Es así… siempre ha sido así. Come los macarrones.

La niña siente que le late el corazón, que el cuerpo se le llena de energía, y que no sabría qué carita poner en el cuaderno de la escuela si se lo pidieran en ese momento ¿rabia? ¿pena? ¿nervios? Algo se le mueve dentro que le lleva a protestar y le empuja a decir:

  • ¡No quiero más macarrones! ¡quiero saber por qué hay guerras!
  • … Pregúntale a Alexa. Anda, termina esos macarrones, que ya sabes que en casa no tiramos la comida.

La niña termina sus macarrones. Después se acerca Alexa:

  • Alexa ¿por qué existen las guerras?
  • "Aquí tienes una respuesta de un usuario de Alexa Answers que he traducido. La guerra existe por varias razones. Una es la codicia: tomar recursos que pertenecen a otro país en lugar en de comerciar por ellos. Otra es la intolerancia: porque el oponente tiene diferentes creencias ideológicas. La tercera es la arrogancia: porque la parte beligerante cree que tiene derecho a hacerlo".

La niña no entiende bien las palabras.

  • Alexa ¿qué es la codicia?
  • "Según la RAE, codicia se define como el afán excesivo de riqueza. Para más definiciones prueba Alexa, más definiciones de codicia"
  • Anda, no seas pesada, que me vais a dar la tarde entre Alexa y tú- dice la voz que no es de Alexa.
  • Entonces ¿cómo puedo saber? ¿Puedes explicarme tú?

Y esa voz, la que no es de Alexa, recuerda que tiene un cuerpo, un cerebro, un espíritu, y siente que todos están cansados. Hace mucho que la persona que tiene cuerpo, pensamiento, sentimiento, voz y tantas cosas más, siente que su vida es repetición de acciones, repetición de pensamientos, y sentimientos y voz bajo control. Le cuesta pensar, le cuesta explicar, le cuesta sentir más allá de los hábitos. Pero hay algo en la niña que le ha tomado por sorpresa; un resorte le vibra de una forma distinta y activa algo dentro de su mecanismo atascado. Y de repente le sobreviene una respiración profunda, el oxígeno a borbotones se extiende con un sentimiento de amor, y las ganas de abrazar a esa criatura le llenan de la cabeza a los pies.

  • Ven. Hay cosas que a mí también me cuesta responder. Pero nunca dejes de preguntar. Es doloroso y es importante hablar sobre las guerras. Te contaré cosas que yo sé, cosas que yo pienso, cosas que yo siento, y tú también me vas a ayudar ¿vale? Pero primero ¿me das un abrazo?

"Sólo nos mueve lo que nos importa"- piensa la persona que hasta hace dos párrafos era sólo una voz y que ahora es y se siente alguien. Alguien que, por un rato, ha ganado una batalla al cansancio, a la inercia y a la indiferencia. Alguien que, en esa niña, vuelve a abrazar al mundo.