ENCUENTROS

"ENCUENTROS"

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BEGOÑA EGUILUZ

El desencuentro, en su sentido más llano, es lo normal, a menos que medien instrucciones precisas de por medio entre quienes se buscan. Lo que de verdad es maravilloso si una lo piensa, es encontrarnos. Sobre todo cuando conscientemente al menos, no nos buscábamos-

En las primeras páginas de Rayuela, Cortázar describe la magia de una de esas direcciones invisibles que parecen atraer hacia un punto convergente a los protagonistas, quienes una vez producido el encuentro, cierran bellamente el momento como si fuera un mandala.

Horacio y la Maga deambulan cada uno a su aire, para encontrarse inevitablemente una y otra vez en los lugares más impensados, sin sorprenderse apenas, asumiendo que tenía que ser simplemente así. Por Destino.

Pero encuentros como estos, en realidad no dependen de nuestra voluntad. Pertenecen a las llamadas coincidencias significativas, o como escribió A. Huxley en "Contrapunto" a la lógica esencial de nuestra particular naturaleza.Tal vez sea ésta, la única manera de que podamos entender esa abrumadora sensación de comunión que nos sobreviene cuando nos topamos con alguien o algo a lo que damos la categoría de encuentro.

No son demasiadas veces en la vida, pero son y pese a los fallos de nuestra memoria en devenir constante, no se olvidan nunca. Quedan como puntos de luz en nuestra memoria poética, dando sentido al laberinto en que nos movemos mientras vivimos. Son nuestros faros.

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Algunos encuentros son siempre un misterio. Quedan allí titilando como aquella tarde precisa de mi lejana infancia en que Maricarmen y yo nos encontramos por primera vez frente al colegio una tarde de sábado. Jugamos a la rayuela con su trozo de mármol blanco hasta que se hizo la noche. Siento aún la textura de la piedra y su frío y el deslumbramiento de cómo alcancé el "cielo" aquella tarde saltando con las dos piernas juntas.

Maricarmen y yo no nos desencontramos jamás

aunque hasta entonces apenas hubiéramos reparado la una en la otra. Estoy segura de que de alguna manera seguimos jugando rayuela aunque yo me fui a América y ella murió en Vizcaya.

De estos encuentros surgen los poemas.

Tenías la mitad de la moneda...

Algún día calzaría con la mía

y al sellarse

fijaría los días y las horas.

Tu huerta y mis países serían hermanables

habría un fluir cierto de tus amigos a los míos

Yo empezaría una historia y tú sin titubeos continuarías

y un final pleno y común

nos brotaría a ambas de los labios.

Nos juntaríamos

para repasar los lugares

que tú preservarías...

la huella del santo

creciendo con nosotras,

la mata del romero

siempre en la linde...

Yo volví con mi mitad

y tú...¡no estabas!

Giró el tiempo de pronto

corriendo hacia la nada

se preñaron las cosa de impotencia

y a mí se me secaron

los rizos de la infancia.

El desencuentro no existe. Con quien nos encontramos una vez no hay forma ni manera de no seguir encontrándonos, aunque sea dolorosamente.

Sí, es necesario decirlo. Lo único que puede romper un encuentro es la traición. Es el único desencuentro imperdonable, porque pone en entredicho lo que fue. La muerte, únicamente lo consagra.

MAITE SASIA

Si no puedes más busca ayuda -dijeron-.

Si sientes que el dolor es demasiado encuéntranos -dijeron-.

Lo pusieron en sus Constituciones, en su Facebook, Twitter, Instagram, Whatsapp y en la madre que los parió.

Lo declararon en la ONU, en la OTAN, en los reinos y repúblicas, en el vaticano, las canciones, los poemas, los libros, el teatro. y las películas.

Lo pesaron, lo midieron, lo palparon.

¡Pide ayuda! ¡habla con alguien! ¡Por qué no acudió a mí! -Estos últimos, generalmente, son a los que acudiste y te desecharon-

¿Cómo no vi las señales?

Las vieron, te lo aseguro, pero prefirieron ignorarlas por el siguiente motivo_______________ (rellenar con la excusa que te otorgue más paz mental).

Y entonces es mejor callar.

¡No los hagas sentir incómodos con tu dolor!

¡Es de mal gusto tu desconsuelo!

Una cosa es hablar en general y otra, muy distinta, es que vean tu pesar.

No, nunca quisieron ayudarte

Nunca quisieron un verdadero encuentro. Solo querían quedar bien consigo mismos.

No es necesario que me creas

-Siempre he defendido la cualidad de dudar de todo-.

Solo observa.

En silencio

Con ese dolor desgarrándote.

Contempla quién, de verdad, va a venir a socorrerte.

Y con el corazón trizado te diré que no hay nadie.

Porque nunca fue cómodo ayudarte.

Nunca quisieron salvarte.

Nadie desea ampararte.

Todo es un discurso, que se creen incluso los mismos discursistas. Pero, que, lamentablemente, se queda en eso.

Un hermoso discurso.

Pero por favor desmentirme. (nada me gustaría más)

¿Estás dispuesto a socorrerme o prefieres que no te arrastre a mis tormentas?


RUBÉN FERNANDÉZ

LA CONSTRUCCIÓN DE UN ENCUENTRO

Cada mañana doy un largo paseo después de dejar a Zoe en el colegio. Muchas veces es un tiempo cuyo uso me hace sentir culpable porque podría estar trabajando en ese momento. Pero con un poco de silencio, se me pasa.

Entonces me pongo a pensar. Muchas veces sobre problemas domésticos, otras muchas sobre posibles soluciones a encargos laborales, creación de nuevos proyectos, planificación de la actividad laboral... y solo algunas veces, me veo en el mundo, y la tranquilidad me sorprende.

Hoy, por ejemplo, me acordé que dentro de una semana tengo que entregar mi escrito sobre Encuentros que nos ha encargado Maite.

Encuentros.

Me vienen varias cosas a la cabeza. Por ejemplo, la escasez de encuentros entre la lógica y la realidad, poniendo por caso la guerra de Ucrania. No hay un encuentro entre lo que no debería pasar y lo que realmente está pasando. Ni siquiera hay un encuentro entre los objetivos de Putin y lo que realmente está consiguiendo. O entre la cotidianeidad que supone la vuelta a casa de un civil, y el día que una bala se cruza en su camino.

Cuántos de nosotros no encontramos lo que queremos, o no coincidimos en opiniones con personas que nos importan.

Pero hoy en mi paseo me fui también a un lugar más seguro, más filosófico y menos contaminado por la realidad. El mundo ideal. Venía alguien caminando de frente por ese estrecho camino de tierra que se extiende paralelo a la carretera. No le conozco, pero le voy a saludar. Y ahí salta de nuevo la palabra. Encuentro.

No me planteo por qué le voy a saludar, porque lo sé. Es una combinación entre la provocación y el más sincero deseo de que realmente esta persona tenga un buen día. "Buen día" le digo, condensando en dos palabras la frase completa. Siempre suelen responder.

La diferencia entre cruzarte con una persona o tener un "encuentro" fugaz mientras compartes apenas treinta centímetros comunes de un camino de ida y vuelta, es el saludo, que previamente tiene un antecedente necesario: el cruce de miradas. Si no lo hay, no hay saludo, no hay encuentro. Si lo hay, entonces puedes saludar, sacando de tu inventario la sonrisa que tienes preparada para la ocasión. Una mueca que aloja un poco de complicidad, de respeto, de admiración por el esfuerzo, y de deseo de bien.

Pero el descubrimiento del día ha sido que en este deseo en forma de saludo, yo no importo nada. El cien por ciento del protagonismo es del otro. No siento la necesidad de decirle "soy Rubén", sino que centro la atención en la esperanza de que don X o Doña Y esté teniendo una buena vida, y yo se lo pueda reafirmar en ese escaso segundo.

Después, no recuerdo su rostro, o cómo iba vestido. Tampoco es el objetivo.

Pero ojalá me cruce de nuevo con él mañana. Casi con toda seguridad, él va a ser el primero en saludar, y entonces los encuentros pasan a construir fugaces relaciones de compañeros de camino, aunque vayamos en direcciones opuestas.

Buen día.

LIBE NARVARTE

Decidir qué ponerme cada mañana es mucho más que una decisión práctica o estética. Tengo una colección de prendas y objetos-wija. Al abrir el armario hay días que salen a vestirme las manos de mi Amuma joven, capaces de bordar hilo negro sobre tela oscura cuando aún era muchacha; otras veces son las manos de mi Amuma adulta que pintaban flores en las blusas de sus hijas, y en invierno son sus manos ancianas las que me colocan el mendigoizale verde que me tejió demasiado grande, como sobredimensionándome, o tal vez queriendo cubrirme toda.

A veces invoco a propósito las energías de la persona que quiero cerca. El collar de plata y semillas de huayruro me traen suerte porque llaman a Rebeca (que también me mira desde la foto en el espejo), y le cuento de Bicha, la perrita con la que vaticinó me quedaría y que hoy ya es anciana, y de mis ganas de visitar Cuenca. El collar de ojo de tigre atrae protección no por la piedra, sino por el influjo de mi tía Marisol brillando sobre mí. A veces me paro a mirar la medalla que "sus hijos de 6ºA" regalaron a la Amatxo, y la aprieto entre mis palmas como para que active en mí su sabiduría de maestra, y el calor que emana e irradia su calidez de abuela.

El caso es que recuerdo qué, cuándo y dónde de casi todas mis cosas, y con ellas recibo visitas de amistades que están lejos, de gente a la que quise y de la que ya no sé, de personas que murieron y en mí siguen latiendo. Y así, salgo muy acompañada a la calle y a la vida.

Si has estado en mi camino, quizás seas tú quien me visita hoy. Gracias por salirme al encuentro.

ARANTZAZU URDANEGUI

El encuentro que se produjo aquella madrugada quedaría grabado en su memoria de por vida.
Se quedó mirando como autómata los azulejos blancos desperdigados por el suelo, Y el jarrón que había traído de Sudáfrica hace unos años hecho añicos en la alfombra. Era su favorito.
No sabía cuál debía ser su próximo paso.
Quizá asearse.
Quizá subir lo que quedaba de sus bragas.
Pero como fuera,
Comenzó a afrontar la realidad más cruenta de todas.
No se había dado cuenta en qué momento sucedió,
Y, sin embargo
El llanto que debería estar taladrando toda la casa desde su cuna, estaba en completo silencio.

JAIME HALES

ENCUENTRO DE AMOR

Salí de la cueva en la que me recluyo cada cierto tiempo. Caminé en busca de tantas respuestas a preguntas que, como dice el poeta, nunca pude formular en voz alta. Miraba hacia el Este por si aparecía el sol una vez más, una segunda vez en una jornada, a la inversa de aquella vez que anocheció dos veces en la misma luna llena. Miré con ansiedad ese vacío desesperanzado, después de tantas aventuras inconclusas y quimeras levantadas a fuerza de voluntad ariana. He recorrido el camino, me dije y tal vez sería hora ya de mirar hacia el poniente, por donde el sol se retira cada tarde, correr con toda la energía que es posible a un joven anciano e irle ganando la carrera. No, ganando no, solo quiero alcanzarlo para ver exactamente lo que él ve cuando se va hundiendo en el mar o perdiendo entre las montañas.

¿Hacia donde va el sol? Esa fue la pregunta que me hizo un niño hace siglos y yo no fui capaz de contestar. Sólo pude decir: "Parece que huye de nosotros, niño", mientras él ponía cara de más y más preguntas. Recordé a Neruda y su libro sobre las preguntas y reapareció ante mis ojos aquel libro que escribí en el que me convertía en un preguntador persistente, irreverente, impertinente, tenaz, impenitente. ¿De dónde viene el sol? Es la pregunta que le hice al niño para distraer su atención y no verme obligado a responder todo lo que él quería saber.

Corrí por las calles y los prados, subí montañas y escaleras inconducentes, busqué tantas rutas y a la larga estaba siempre solo. No había más que compañías transitorias, amores sin respuesta o sin perspectiva.

Al acercarse la vejez, pensé que sería el destino definitivo. Una vez más, como en tantas otras vidas, habría de morir solo y con el amor pendiente enredado en mis sueños.

Y entonces, como en el tango de Piazzola, detrás de un árbol, apareció ella: caminante de las mismas rutas, lectora de los mismos libros, buscadora de las mismas vetas, amante de las mismas artes, llena de vida y esperanzas.

Dos caminos que empezaban a juntarse, aquellos que habían parecido paralelos, en realidad tenían esa inclinación suficiente para que nos encontráramos cuando fuera preciso, en aquel instante en que ella creía cerrar capítulos y yo proyectaba mi nuevo fracaso.

La vi, me vio y no me atreví a tocarla por miedo a que no fuera más que una ilusión. "Soy real", me dijo y tocó la punta de mis dedos para despertarme del sueño trágico en el que me había sumergido.

Bastó eso para que una nueva energía se apoderara de mí y mirando los cerros, corrí y salté como un loco feliz, para luego regresar hasta la punta de sus dedos y decirle: "¿Te puedo dar un beso"?

ARANTZA MIÑO S. : CRÍTICA DE CINE

El séptimo arte y yo

Una crítica de "Les Choristes"

Título original: Les Choristes

Año: 2004

Duración: 95 min.

País: Francia

Dirección: Christophe Barratier

Reparto: Gérard Jugnot, François Berléand, Jean-Baptiste Maunier, Jacques Perrin, Kad Merad, Maxence Perrin, Paul Chariéras, Marie Bunel, Jean-Paul Bonnaire, Grégory Gatignol

Sinopsis: En 1948 Clément Mathieu, profesor de música desempleado, acepta un puesto como profesor vigilante en un internado de reeducación de menores. El sistema represivo aplicado por el director conmociona a Mathieu. Enseñándoles música y canto coral a estos niños tan difíciles, Mathieu transformará sus vidas cotidianas. (FILMAFFINITY)

Un film que nos muestra que hay encuentros que nos pueden cambiar la vida. Al Llegar Mathieu, un profesor de música, a un centro de niños que han sido abandonados, son huérfanos o sencillamente sus padres no pueden manejarlos por ser muy difíciles de tratar.

Nuestro protagonista es un profesor que no cree en los castigos punitivos para educar a los niños, al contrario, piensa que se les debe inspirar, y se les debe cuidar, querer. Se les debe dar aquello que les falta en su corazón, se les debe sanar. Y esto lo hace a través de la música. Conformando un coro con los niños, y demostrándole poco a poco que cree en ellos y que por muy mal que actúen, él seguirá estando para ellos, y la música también.

En el grupo de niños de nuestro protagonista, destacan dos personajes. Uno llamado Pierre que es el más rebelde de todos, pero tiene la mismísima cara de un ángel, por lo que nadie nunca se esperaría que fuese él quien cometió las fechorías de las que se le acusan. Y el segundo es Pepinot, se ganará todos nuestros corazones por ser el niño más pequeño de todos y ser huérfano. Ambos personajes entablan una relación muy importante con Mathieu, pues Pierre descubre en la música dada por su maestro un talento nunca antes visto y una pasión que irá desarrollando que cambiará toda su personalidad y logrará enterrar su rebeldía. Y Pepinot encuentra en Mathieu el padre que ya no vive, y una protección que ya no es capaz de recordar.

Mathieu no tiene una tarea fácil por delante, pues tiene una serie de problemas a la hora motivar a sus alumnos, ya que el mismo director del centro no cree que los estudiantes tengan remedio y ve al coro como una triste broma y al profesor como a un enclenque al que lo alumnos se comerán vivo más pronto que tarde. Incluso el director suele repetir durante toda la película una frase que nos habla de su propio carácter despótico y frío: "acción-reacción". Esta era la actitud que le recomendaba que debía tener Mathieu hacia los alumnos por cada vez que se hicieran algo indebido.

Más tarde, para aumentar los retos, llega un estudiante llamando Mondain al centro que quiere destruirlo todo. Incluyendo a nuestro protagonista, y a sus alumnos que han avanzado tanto en su recuperación. Pero incluso en él podemos ver el abuso físico y arbitrario por el que ha pasado.

El final de la película lo dejaré para que la puedan ver ustedes mismos, ya que no me parece justo privarles de tal emoción por la que pasé yo misma al verlo.

La película es muy emotiva, y nos habla de temas muy importantes y que siguen en boga hoy en pleno 2022. Como es la violencia, el autoritarismo, la madurez, la rebeldía como escudo para esconder sentimientos más profundos, el abandono de los padres, el arte para sanar, la vocación, el amor, y como toda nuestra vida puede cambiar si solo una persona se interesa por nosotros e intenta salvarnos y ayudarnos.

La banda sonora juega un rol importantísimo en la película, ya que es tanto el leitmotiv como parte de la misma trama, y las canciones que cantan los alumnos nos hablan de optimismo, gloria y felicidad.

Además, la fotografía nos muestra a medida avanza la película mayor luz, más colores, y paisajes con mayor claridad que simbolizan que al fin hay esperanza para ellos. Comienzan a soñar, y que quizá, solo quizá haya una luz al final del túnel.

También debemos mencionar que en el film el montaje es claramente lineal.

Así con todos estos elementos nos van mostrando subliminalmente como la vida y los sentimientos de los alumnos van cambiando con la llegada de Mathieu y que sus vidas ya no son negras, ni son una cárcel. Si no que, con la música como terapia y el hecho de importarles a alguien de verdad, que les da amor, van cambiando su comportamiento porque van sanando.

Ya no necesitan hacer cosas malas para que les presten atención.

Ahora, tienen la música.

R.K. DUPUIS

Sábado en la noche

No me llames, no me escribas.

Deja que los gatos mueran a mi lado.

Olvida las culpas que me destrozan los brazos.

Aléjate de mis lugares comunes,

De las tormentas que tanto odias.

De las lluvias, de mis lágrimas.

Escupe sobre cada instante en que te deseé.

Espántame, déjame atrás.

Olvida mis besos tibios,

Rozando apenas tus labios fríos.

Acercándome a la distancia de la que me alejas.

Olvida esa mañana en que te busqué.

La noche que te amarré con cuerdas invisibles.

Insensibles e inservibles.

Deshazte del tiempo en que estuve contigo,

De los momentos en que rompí tu porcelana.

Cuando la rabia me hacia regurgitar.

Vaciar mi cuerpo hacia el otro doblez.

Deja que las gotas mueran a mi lado.

Cuanto me desarme entre mil trampas.

Rodeado de ti,

Desperdigado por ti.

Espántame, déjame ir.

Aléjate de mis deseos, de mis llamadas.

De mi voz que te suplica.

Deja morir las plantas que me diste.

No me busques en tus noches.

Corta mi recuerdo en mil pedazos y dáselo a los perros.

Para que cuando me busques, no me encuentres.

Para que cuando me busques no me encuentres.

ÁNGEL ESPINOZA CÁCERES

¿Seré la llave de esa cadena?

¿O solo una sonrisa que busca ser mariposa?

¿El maravilloso arte de la tregua será mi comienzo?

¿Caben armonías en la destrucción?

¿He de montar el fénix de la prosperidad?

¿Mi sacrificio fue un día un altar?

¿Cómo he de ser sin ustedes y sin mí?

¿El loto es hermoso aunque nuble el día?

¿Acaso es menos padre el progenitor por ser persona?

¿El sacrilegio de tu indiferencia saborea la lluvia de mis ojos?

¿Es magnánimo placer ver un templo destruirse?

¿El epíteto es amor platónico del sustantivo?

¿Mi historia será ceniza en los albores de la muerte?

¿De la lluvia será mi boca el primer pináculo en besar?

¿Mi relámpago oirás cuando mis días sepultes en tus pies?

¿Son hembras las galaxias aladas de mi viaje?

¿Hace mucho tiempo que haz muerto y no resucitas?

¿Eres de mi hombro el relucir de una pena?

¿Canta mi silencio?

¿Hay atardeceres y auroras en un día de diecisiete horas?

¿Cuántos universos dura esta travesía?

¿La cordillera latirá más hermosa a mi regreso?

¿El copihue será más carmesí a mi regreso?

¿Habrán superado otros hombres aquel momento gris y amargo?

¿¡¡El mar pacifico será más libertario a mi regreso!!?

- ¿Sabremos perdernos entre nosotros? -

¿La Ñuke mapu,

La araucaria,

la costa infinita,

el desierto aflorado,

la quena y la zampoña resonaran más dulces

en los hielos de la Antártida?

¿Los horizontes más australes del universo

sabrán la respuesta a mi epiloga pregunta?

¿Encontrarse

es perderse en la certidumbre?