Blancos

COLABORADORES


  • BEGOÑA EGUILUZ
  • MAITE SASIA
  • ÓSCAR ANDRADE 
  • RUBÉN FERNANDEZ
  • LIBE NARVARTE
  • ARANTZAZU URDANEGUI                 
  • FOTOGRAFÍA: IÑIGO LASAGABASTER                                                  
  • PORTADA: MARU HERNANDEZ
  • DIBUJOS Y PINTURAS: ROBINSON AVELLO AYALA
  • ARQUITECTURA: MARIA SOLEDAD LARRAIN 
  • MODELO PORTADAS INTERIORES: ROSARIO S. IBAR
  • ISIDORA S. AGUIRRE
  • JAIME HALES
  • MARU HERNANDÉZ, FOTOGRAFÍA
  • R.K. DUPUIS
  • ÁNGEL ESPINOZA CÁCERES

BEGOÑA EGUILUZ


No existe el blanco puro.

Conozco únicamente blancos perlíferos, irisados, cárdenos, lunares, esplendentes,

en tris de ser devorados por grises de bruma y niebla...

ebrios de rojo, fatigados de azul...siempre adheridos a circunstancias, paisajes, cuadros, naufragios y respiros.


Ese blanco de mis enaguas ondeando en la penumbra

de una habitación en vía Sixtina guarda el aroma de ese erotismo que a tantas mujeres nos punza: han sido los brazos de quien amo, los que las han extendido mientras duermo.


Parpadea pura belleza en el mar de Tesalónica

casi quebrado su blancor

por el barco que cruza apenas deslizándose la hora suave de la tarde...

Es gélido e insomne ese blanco atroz, extendido en dolorosas huellas que siempre deja espacio en su desazón

para una nueva desesperanza...

Blanco ruso lo llamo.

Me lo trajeron Celan, Maldestan, Tsvetáieva...


Tiembla en las camisas

de los llevados a morir

en aquellas madrugadas

del verano...

Goya lo hizo gritar

en el más famoso de sus cuadros.


Hay un blanco

que se vuelve cotidiano

en el borde irisado de mi taza

y otro que culebrea

cuando vuelve el invierno

en el hilo de luz de las farolas que acaban de encenderse con luz fría...

Es el blanco de volver a casa.


Amo el manchado blanco de mis libros viejos

y el de la leche de oveja

que se deslíe en mi boca...

Si pudiera me bañaría

en el blanco de las primeras lilas, me vestiría como Emily Dickinson con ese blanco que los contiene a todos.

Sería una magnífica maga

tan aromada e iridiscente

con anillo de ópalo y mirada de Tiresias


El blanco cárdeno

de la cordillera en invierno

en el momento que se enciende hacia el amanecer

es para mí la redoma de la nostalgia...


Yo diría que es el color más ambiguo que existe

el más herido, el más sucio

el más sagrado...

Es el color de la poesía.


MAITE SASIA

Quiero crear una lista blanca...

Sí.

Me fastidian las negras.

Esas que pretenden excluir todo lo que sea dispar a lo propio.

Aquellas que despellejan y silencian, que acorralan y matan.

Voy a agregar a esta lista lo que me apetezca, que para eso es mía

Haré de mi lista blanca una receta como las que hacía mi abuela. Mi maravillosa abuela Lala.

Partiré con harina italiana y le agregaré trozos chocolatados de palabras en el sofá blanco y abrazos eternos de B y L --Que para ustedes serán letras, pero para mí son; salvación, bienestar, bienvenidas, extrañadas, comprensión  y bien llegadas-- (Eso también me lo enseñó B) 

¡Gracias BE y LN!

Le agregaré una pizca de sufrimiento, porque sin él no sería quien soy.

Y luego sumaré el ingrediente principal: El blanco: que vendría siendo todo lo que me queda por: aprender, dilucidar, construir, comprender, aprehender, encontrar y amar.

Un lienzo absolutamente albo para que venga lo nuevo y lo vista.

La forma  -cómo decía mi abuela- es completamente mía.

"Cariño, te puedo dar mil veces la receta escrita, pero si no entiendes que el amor es lo que hace esta masa especial, nunca te quedará igual"

Ahora entiendo abuela, eras tú.

¡Tú!

La que que con esas manos cansadas me daban ese sabor que nunca he vuelto a encontrar.

Porque lo que importaba, siempre, era dejar un espacio en blanco para que otros dibujaran.

Ahora entiendo tu afán por poner unos extraños bebederos para pájaros en los árboles o el porqué siempre defendiste a uno de tus hijos frente al otro (Sin importar cuál)

¡Gracias abuela por llenarme de blanco!


ROBINSON AVELLO AYALA: CARBONCILLO

RUBÉN FERNANDÉZ

EL PADRE DE BLANCA

Es cegador como un monte de sal sobre el mantel de cinco mil quinientos hilos en la terraza soleada del Ritz

Sugerente como una juguetona pluma de ganso haciendo volumen sobre las pulcras sábanas de raso de una escort cercana al despacho oval

Dulce como una avalancha de azúcar flor invadiendo el fondant de una tarta nupcial

Punzante como un millón de hexágonos cristalinos que se disparan furibundos desde las nubes cortando el frío y la visión

Desafiante como un folio DIN A4 esperando que le tatúen algún carácter imborrable e indemne al arrepentimiento

Vertiginoso como la mente de un paciente de Alzheimer

Aburrido como un marshmallow alejado de la fogata

Complejo y sorprendente como el alimento de un prisma

Inmaculado como el certificado de antecedentes de un recién nacido

Cansado (y tranquilo) como un manojo de canas coronando un cráneo cercano al centenario

Enérgico como los primeros chorros de leche tintineando en el cubo

Y eterno como el tinnitus arrullador y reflexivo del ruido del universo

LIBE NARVARTE

Bandas albas dibujan una X sobre el uniforme azul de los franceses. Piedras, palos, macetas, agujas y proyectiles son lanzados ahí, buscando "dar en el blanco". Con un llamado a atacar con efectividad con lo que haya a mano: así surge la expresión durante el levantamiento popular contra las tropas napoleónicas el 2 de mayo de 1808 en Madrid.

Desconocía el origen de la expresión, y se me hace ambivalente: es épica la imagen tipo David contra Goliat, y tan gráfica a la vez esa X sobre el pecho humano... Apuntar con precisión donde hace daño, dar al centro de lo vulnerable: es violenta al tiempo que certera.

Pero la eficacia en la violencia casi nunca destaca por su precariedad, autodefensa, o valentía. Suele ir más bien acompañada de superioridad en los medios, o por la estrategia de atacar a quien se puede atacar o, dicho de otra manera, atacar a quien no se puede defender.

Confieso que busqué el origen de la expresión porque lo de "blanco" no me cuadraba: blanca se supone la paloma de la paz, la bandera de rendición, blanco se le dice al color de piel del privilegio. Y el privilegio no suele ser blanco fácil. Lo saben bien niños y niñas a merced de adultos violentos, o quienes sufren violencia de género, pero emergen muchos más rostros. Yo no logro quitarme la imagen de los de los jóvenes que el pasado 24 de Junio se amontonaban detenidos, heridos o muertos a los pies de la valla de Melilla.

Son la expresión más extrema de nuestro "tirar a dar" a blancos fáciles. Una consecuencia más de la ultraderecha haciéndose fuerte atacando a los más débiles, pretendiendo hacerlos pasar por los "nuevos franceses" ("jóvenes en edad militar invadiendo España") en un letal discurso del odio que pinta cruces blancas en el pecho africano.

Pero no es la ultraderecha la que sale a dar cuentas: ya se encarga el gobierno supuestamente progresista de blanquear la situación. Y así, España se parece cada día más al culo de Franco: lavada con Ariel, con lejía y con Vernel, y una abrumadora cantidad de desfachatez e hipocresía. 


IÑIGO LASAGABASTER: "BLANCOS"

PORTADA: MARU HERNANDEZ "ESPERANZA"

ARANTZAZU URDANEGUI

La nada

Intento llegar a ella.

Alcanzarla, aunque sea con la punta de los dedos.

Vaciar mi mente hasta el más mínimo pensamiento para encontrarla.

Pero siempre llego a lo mismo.

Siempre hay algo.

Siempre el maldito blanco.

El blanco que me persigue a todos lados.

He intentado seguir el consejo de Descartes, y comenzar de cero. No confiar

en nada ni en ningún sentido.

Pero tampoco eso funcionó, porque ahí, como Nietzche bien dijo, solo había

más blanco mirándome.

Y la desazón es tan grande, el huracán que es mi mente está tan alborotado

que no sé cómo pararlo.

Necesito encontrarla. Necesito un atisbo de paz.

¿Existe siquiera la nada? ¿Es posible imaginarla? ¿Alcanzarla?

Mi mente ya no da más.

Ira, pena, desesperación, desesperanza, ansiedad, muerte.

Concentración, silencio, meditación, esperanza, vida.

Nada... ¿Estás ahí?

No.

Solo hay blanco.



JAIME HALES

Blanca y radiante

Ahí está: desafiante, provocadora, con su aspecto inocente, esperando simplemente que

acometa sobre ella, que suelte mis ataduras mentales, que dé curso a mis desvaríos e

imprudencias, que vuelque en ella esperanzas y denuestos, que deposite mi fe y mis angustias,

como si ella fuese capaz de hacerse cargo de tantas cosas que circulan por mí.

Ahí está: a la espera de mis pasiones, casi sonriente, con un brillo especial pese a la opacidad de

su textura. Suave al tacto, sutil en su presencia, sin dejar ver su violencia implícita, aquella que

le pertenece por su propia naturaleza, aquella que invita, que incita, que altera los nervios de

este modesto ciudadano.

Ahí presente, siempre lista como los antiguos niños exploradores, dispuesta a lo que venga, sin

entender que de algún modo ella es culpable de lo que habrá de suceder, con su presencia

ingenua y provocadora a la vez. Alguien podría creer que, dado mi oficio, podría eludirla. Lo que

ese alguien no entenderá jamás es que aunque ella misma, ella que hoy está aquí, desaparezca,

otra igual está esperando para situarse, desde mi mente, frente a mí y llevarme hasta el mismo

límite, idéntica situación tenebrosa y aterradora.

Mis manos tiemblan, mis ojos se humedecen y secan alternativamente. El problema no está solo

allí, sino también en el estómago, pues su sola presencia en las mañanas provoca ese

hormigueo que no es de gusto sino de ansiedad.

Debo reconocer que algo parecido sucede en las noches cuando está allí, pero en esos casos

parece que me siento más libre, como si acaso la oscuridad exterior, esa negrura de la noche,

matizara en algo la desesperación. Aunque en verdad, en plena noche, lo blanco de su

existencia resalta y no puedo dejar de verla.

Pienso en mi alma: ¿será blanca como ella? ¿será negra? Un profesor me dijo "alma negra",

cuando reí de la respuesta de un compañero de curso (¿Cuántas ruedas tiene un trineo, dijo el

profe Guzmán y el Guillermo dijo: tres. Yo estallé en carcajadas). Si mi alma es negra, descargaré

su negror sobre ella que me mira y la blanquearé hasta recuperar la esencia.

Ahí está: blanca y radiante, frente a mí, con desparpajo sin igual, completamente descarada,

casi insolente.

Entonces yo, por mi oficio de escritor, decido aceptar el desafío y desafiar su blanco: tomo mi

pluma con tinta verde y sin mediar más espera, la poso en la hoja en blanco y escribo todo lo

que mi alma, negra o blanca, deja brotar. Poemas y reflexiones, todo mío, apropiándome de ella

y de su blancor, sometiéndola a mi voluntad y quitándole su existencia vacía (y por eso mismo

desafiante), pero que ahora no confrontará ella a nadie, sino que todos se fijarán sólo en mi

letra verde y dispareja y las palabras dibujadas.

La hoja en blanco ha desaparecido: vendrán otras, pero conmigo saben lo que les espera. No me

amedrentarán, sino que las dejaré siempre en suspenso, sufriendo ellas, que no saben en qué

orden las iré seleccionando hasta arrebatarles su soberbia y su vanidad, sustituyéndolas por las

mías que se alzan al ritmo del verdor y de mis pulsiones emocionales e intelectuales.

La hoja en blanco muere cada vez que nace la hoja verde del escritor.

MARU HERNANDÉZ: "BLANCO DE CIUDAD"

MARIA SOLEDAD LARRAÍN

 Silencio blanco

Por: María Soledad Larraín Salinas, Arquitecta

La arquitectura es el arte de crear vacíos, vacíos que cobijan y nos hacen sentir el entorno y nuestra propia interioridad. Para ello la arquitectura se hace de formas, escalas, planos y materiales a fin de lograr construir eso que conectará con el alma humana y lo llevará de la sobrevivencia al habitar en toda su inmensidad.

En esto la luz juega un rol fundamental como material que expone formas, construye ambientes y sostiene el confort humano. Todo aquello parte desde lo más esencial, y eso parte con el blanco, color que materializa la luz en en lugar. Lección con la que pintores y arquitectos llevan siglos jugando con el fin de crear aquellas atmósferas memorables como lo es la habitación del cuadro "A man in a room" de Rembrandt, quien evita el color en su composición para que la luz gracias a un limpio muro blanco triunfe sobre el oscuro interior y devele la existencia de aquel hombre cuya esperanza se cuela por aquellos cálidos rayos de sol.

Así el blanco es la representación pictórica de la luz, pero a su vez es, como declaraba Campos Baesa, "una base firme y segura, eficaz, para resolver problemas de luz: para atraparla, para reflejarla, para hacerla incidir, para hacerla resbalar." Por otro lado, la arquitecta japonesa Kazuyo Sejima, explica que en su obra es predominante el blanco para evitar así las jerarquías y democratizar la luz en los espacios, buscando que las personas sientan la liviandad y promesa que el blanco como reflector de luz nos brinda.

Como ellos han sido innumerables las y los arquitectos y obras que deben al blanco, contenedor de todos los colores del espectro, su alma y diversidad de carácter. Porque como plantea la teoría del color, el blanco representa lo positivo y lo negativo de cada uno de ellos, y por lo tanto permite que se manifieste lo esencial y distintivo de cada forma, lugar u obra, regalándonos algo de silencio en un mundo bullicioso.

ÓSCAR ANDRADE: "Andón El Coloso"  Pastel sobre cartón.

R.K. DUPUIS

Tiro al Blanco

Visité tus ojos y caminé por el borde del azul.

Rodeé las trazas de tu recuerdo con lazos de nube,

Deseando que el ruido del bus me durmiera más y más.

Cerré las puertas y dejé tu olor dentro,

Revoloteando entre mis rostros, entre las caras decentes y las carentes.

Limpiando los desagües de mi pesar,

La culpa de todos los días.

Visité tus ojos y me sentí mareado

A punto de perder el equilibrio que me había acostumbrado a entrenar.

Todo mi mundo giró a la izquierda, como el bus que se alejaba de lo conocido.

Cerré las puertas a tu retorno.

Clausuré las ventanas para que no entrase tu recuerdo.

Dejándome sin aire, sin amor, sin calor.

Con la culpa de todas las noches.

Visité tus ojos y caí hacia el centro.

Me rompí en pedazos y los últimos cayeron lejos.

Para nunca volver a juntarse.

Para nunca querer volver.

Para nunca abrir tus puertas.

Para no volver a ser tu blanco.

ROBINSON AVELLO AYALA: ACUARELA

ISIDORA S. AGUIRRE

Por qué no nací ausente, por qué no fui la ausencia, por qué no fui la nada.
Por qué no nací insípida, indolente,
por qué no fui nada en vez de todo.
Por qué soy blanco, por qué no soy negro.
Por qué soy falta, anhelo, estrechez.
Por qué soy dolor,
por qué ese dolor me carcome,
por qué ese dolor me excita,
por qué ese dolor aprieta mi pecho hasta desencajarlo, lo triza.
Va en contra de la naturaleza,
Va en contra de la predicción,
Va en contra del destino.
Por qué no nací mediocre, por qué no nací necia,
por qué tengo que darle un sentido a la desesperación.
Por qué tengo cuello, por qué tengo útero, porque tengo manos, por qué tengo clítoris, por qué tengo orejas, por qué tengo ombligo, por qué tengo lengua,
lengua húmeda, lengua frágil, lengua escurridiza, selectiva y adorada.
Por qué gestaré
solo
unos
meses.
Quién decide qué es blanco o negro, odioso, opaco, sombrío
quién decide que es inmenso, trascendente, real
quién decide qué es nada.
Por qué
no
fui
indolente,
sin sabor
sin textura
sin poros
sin piel
sin piel que encuentra límites a través de la carne
sin piel que siente a través del tacto
sin piel que rehúnda y rehúnda, y busca y hurga y duele.
Por qué no fui noche
noche eterna, muerte, aniquilación, destello opaco.
Porque soy vida
y porque
puedo
generarla.  

ÁNGEL ESPINOZA CÁCERES

Y entonces

                 súbitamente...


La onomatopeya del grito explotó

como única testigo miserable

creando el primer reflejo.


El orbe sagrado

besó mi frente,

un enjambre de luces

creó mi sombra.


Cerré mis ojos

para abrirlos,

una huérfana incertidumbre anidó

en mis entrañas.


Mis manos encantadas,

soñaron una sobre otra,

acunando mi respiración adagial

de prístinos arreboles.


(Uno a uno sollocé

los ocasos no creados).


La pregunta primigenia

-Cual membresía de cielo-

Encendió mi sinfónico engaño,

vislumbrando el velo

irreverente del YO.


Deslumbrados por vestigios de culpa;

Mi apego besó infiernos,

mi ego cultivó tempestades

en el trono pendenciero del orgullo.


Lo marchito fue milagro

rimbombante

sin decir palabra alguna.


La añoranza se hizo débil

en el brillo más hiriente

del deseo.


La daga del misterio dio a luz maravillosas

contradicciones:


"Lo que quiero no sentí, por sentir lo que

 no quise"


!!Cordura delirante,

haz de mí tu estigma

más doliente!!.


En un grano de arroz algo crepitó:


La primera respuesta,

las ortigas del desdén,

"Del cardo un lírico delirio,

en la inevitable costumbre del adiós".


Y sentí caer la gravedad de mi pensamiento,

como si fuese una mirada perdida deseando horizontes.


Un río sediento de nubes

y metales preciosos,

fue un pulcro séquito a mis pies de barro.


(Ataviado de nobleza)


Fui nido de pájaro,

caparazón de caracol,

aleteo de mariposa,

perfume de lavanda.


(Hermoso y circunspecto)


Fui pies de mendigo,

piel caramelizada,

silencio de hojarasca,

lenguaje de trinos.


Una rauda lentitud

me contemplo desde lejos,

el infinito sabio y profundo

me declamó por completo.


-Mis dos universos finalmente despertaron entonces-


"Las manos del caos

liberé de mi conciencia,

-vacuidad en la carne-

epílogo irrefutable de aquel

eterno y libertador,


"Instante en blanco".